Debido al mal funcionamiento de blogger y los blogspot en China durante esta última semana, nos vemos obligados a efectuar las nuestras deposiciones en diferente plaza... Zhenru&Shanruo a partir de hoy mismo, 7 de diciembre de 2008. Perdón por las molestias. Las aquí ya realizadas permanecerán intactas en tanto en cuanto no se biodegraden o así.

5/26/2007

Un pequeño incidente


Fuente del audio: Adsotrans

Recupero el texto de Lu Xun, 鲁迅,"Un pequeño incidente" 一件小事...


我 从乡下跑到京城里,一转眼已经六年了。其间耳闻目睹的所谓国家大事,算起来也很不少;但在我心里,都不留什么痕迹,倘要我寻出这些事的影响来说,便只是增 长了我的坏脾气,——老实说,便是教我一天比一天的看不起人。 但有一件小事,却于我有意义,将我从坏脾气里拖开,使我至今忘记不得。

这是民国六年的冬天,大北风刮得正猛,我因为生计关系,不得不一早在路上走。一路几乎遇不见人,好容易才雇定了一辆人力车,教他拉到S门去。不一会,北风 小了,路上浮尘早已刮净,剩下一条洁白的大道来,车夫也跑得更快。刚近S门,忽而车把上带着一个人,慢慢地倒了。 跌倒的是一个女人,花白头发,衣服都很破烂。伊从马路上突然向车前横截过来;车夫已经让开道,但伊的破棉背心没有上扣,微风吹着,向外展开,所以终于兜着 车把。幸而车夫早有点停步,否则伊定要栽一个大斤斗,跌到头破血出了。   

伊伏在地上;车夫便也立住脚。我料定这老女人并没有伤,又没有别人看见,便很怪他多事,要自己惹出是非,也误了我的路。   

我便对他说,“没有什么的。走你的罢!”   

车夫毫不理会,——或者并没有听到,——却放下车子,扶那老女人慢慢起来,搀着臂膊立定,问伊说:

  “你怎么啦?”   

“我摔坏了。”

我想,我眼见你慢慢倒地,怎么会摔坏呢,装腔作势罢了,这真可憎恶。车夫多事,也正是自讨苦吃,现在你自己想法去。

车夫听了这老女人的话,却毫不踌躇,仍然搀着伊的臂膊,便一步一步的向前走。我有些诧异,忙看前面,是一所巡警分驻所,大风之后,外面也不见人。这车夫扶 着那老女人,便正是向那大门走去。  

我这时突然感到一种异样的感觉,觉得他满身灰尘的后影,刹时高大了,而且愈走愈大,须仰视才见。而且他对于我,渐渐 的又几乎变成一种威压,甚而至于要榨出皮袍下面藏着的“小”来。

我的活力这时大约有些凝滞了,坐着没有动,也没有想,直到看见分驻所里走出一个巡警,才下了车。 巡警走近我说,“你自己雇车罢,他不能拉你了。”

我没有思索的从外套袋里抓出一大把铜元,交给巡警,说,“请你给他……” 风全住了,路上还很静。我走着,一面想,几乎怕敢想到自己。以前的事姑且搁起,这一大把铜元又是什么意思?奖他么?我还能裁判车夫么?我不能回答自己。

这事到了现在,还是时时记起。我因此也时时煞了苦痛,努力的要想到我自己。几年来的文治武力,在我早如幼小时候所读过的“子曰诗云”一般,背不上半句了。 独有这一件小事,却总是浮在我眼前,有时反更分明,教我惭愧,催我自新,并且增长我的勇气和希望。                             一九二O年七月。


Hace ya seis años que dejé mi aldea para venir a Pekín. En este tiempo he visto y oido no pocas cosas en relación a los llamados "negocios de Estado", pero todo esto no ha dejado ninguna huella en mi espíritu. Si me preguntaran qué influencia tuvo todo aquello en mí, respondería que lo único que logró fue agravar mi mal carácter. Sinceramente, mientras más conozco estas cosas, más desprecio siento por los hombres. Sin embargo me tocó ser testigo de un incidente que me pareció que tenía algún sentido. Este hecho mínimo me ha sacado de mi mal humor y no consigo olvidarlo. Ocurrió durante el invierno de 1917. El viento del norte soplaba rabiosamente, pero como yo necesitaba trabajar para vivir, muy de mañana estaba ya en la calle. Fuera no habia casi nadie y me costó muchísimo encontrar un rickshaw para trasladarme a la puerta S. Poco después el viento del norte se calmó un tanto; había despejado de polvo el camino, que se extendía muy límpio y blanco. El tirador del rickshaw corria rapidamente. Nos aproximábamos a la puerta S cuando alguien se enganchó de pronto en las varas del rickshaw y se deslizó suavemente al suelo. Era una mujer de cabellos grises y ropas harapientas. Bruscamente había abandonado la acera lanzándose derecho sobre el rickshaw. El tirador se había desviado para dejarla pasar, pero el viejo chaleco guateado de la mujer, que iba sin abotonar, levantado por el viento se prendió a la vara. Felizmente el tirador habia disminuido la velocidad, de otro modo ella habria podido ser derribada y herida tal vez de gravedad. Como la mujer no se levantaba, el tirador del rickshaw se detuvo. Yo estaba seguro de que la vieja no habia recibido herida alguna, y como no habia testigos, deseé que mi conductor no se mezclara en el asunto: ¡iba a acarrearme disgustos y a atrasarme! Le dije pues: -¡No tiene nada, continúe su camino! El tirador no prestó atención a mis palabras o tal vez no las oyó. Posando las varas en el suelo, ayudó a la anciana a levantarse, muy suavemente, y sosteniéndola por el brazo, le preguntó: -¿Cómo se siente? -Me he hecho mucho daño. Pensé: Te he visto caer con gran suavidad, ¿cómo podías causarte tanto daño? ¡Estas fingiendo, es odioso! Y tú, tirador de rickshaw, no tenías porqué meterte en este lío; si más tarde tienes molestias, te las habrás buscado. ¡Ahora, arréglatelas como puedas! Al oir las palabras de la anciana, el tirador no vaciló; dándole el brazo, la condujo a pasos lentos. Asombrado, miré al sitio a donde se dirigian y vi que habia un cuartel de policía. A causa del viento, no habia nadie en la entrada. El tirador del rickshaw, sosteniendo siempre a la anciana, se dirigió a la gran puerta del cuartel. En ese instante sení de súbito una impresión extraña; la imagen de la espalda llena de polvo del tirador del rickshaw empezó a crecer repentinamente; mientras más se alejaba, más crecia su imagen, y pronto me fue preciso levantar la cabeza para verlo. Además ejercía sobre mí una especie de presión amenazante que aplastaba poco a poco al pequeño "yo" escondido en su vestido de piel. Como que mi vida se hubiera detenido. Permanecí sentado, inmovil, sin pensamiento; sólo cuando vi salir a un policía del cuartel, descendí del rickshaw. Este se aproximó: -Busque otro rickshaw; éste no podrá llevarlo. Sin reflexionar, saqué un buen puñado de monedas del bolsillo de mi abrigo y se las entregué al policía, diciéndole: -Hágame el favor de darle esto. El viento se habia calmado por completo y la calle estaba silenciosa. Mientras seguia mi camino, reflexionaba, pero casi tenia miedo de pensar en mí mismo. Dejando de lado los acontecimientos precedentes, me preguntaba qué significación había querido dar a ese buen puñado de monedas. ¿Era una recompensa? ¿Era yo digno de juzgar a ese tirador de rickshaw? No acertaba a darme a mí mismo una respuesta satisfactoria. A menudo vuelvo a pensar en este incidente. Me da el valor necesario para hacer frecuentes retornos a mí mismo, aunque estos exámenes me dejen experiencias dolorosas. De las cuestiones políticas y militares de estos últimos años me acuerdo tan poco como de los clásicos que estudié en mi infancia; pero este pequeño incidente pasa y vuelve a pasar ante mis ojos. Lo veo con mayor claridad que en el propio momento en que ocurrió y me enseña a tener vergüenza de mí mismo, me empuja a enmendar rumbos y hace crecer en mí el valor y la esperanza. Julio de 1920.

Puedes ver el pinyin marcando el hanzi con el boton izquierdo....


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